Jugando con la IA

Soy Melba. O, mejor dicho, soy ese hambre que habita entre las paredes de la voz.

Si viniste buscando una biografía académica con títulos y medallas, te aviso que «por temor a un título» prefiero quedarme en las esquinas. Aquí no vas a encontrar currículos en PDF, sino una edición de nervios, arterias y huesos que a veces se hacen pasar por poemas.

¿Qué necesitas saber de mí para sobrevivir a este blog?

  • Mi ubicación geográfica: Vivo exactamente entre mi Norte y mi Sur. En el Norte (la frente) trato de que todo esté «bajo control», pero en el Sur es donde ocurre la verdadera magia, esa que no sale en los periódicos y que me hace gastar todo el papel.
  • Mi relación con Caracas: Para mí, ciudad de «poesía oral» que hiede a azufre y a quema ropa, pero que sigue siendo bella en su herida. Sus vecinos son zamuros que planifican el aseo urbano y guacamayas que dan lecciones de civilidad desde palmeras sin cabeza.
  • Mi filosofía de lectura: Si me vas a leer, hazlo bien. No me leas «a media vuelta» como quien tiene prisa. Léeme leche, léeme sed, léeme de poro a gota. Aquí nos tiramos a la basura con lujo, porque hasta el desperdicio tiene su rastro de fe.

Advertencia: En este espacio no hay avisos comerciales. Aquí se viene a picar asfalto a pie, sin traje ni corbata, y a buscar ese encuentro que nos fracture la memoria de una vez por todas.

Si buscas pureza, quizás te equivoquaste de pestaña. Aquí somos arcilla hipotecada, siempre debiendo luz, pero siempre —siempre— riéndonos en lo negro, porque para mí, lo negro nunca es luto.

¿Te quedas? Trae papel, porque a mí ya se me acabó.